¿Puede el arte reflejar nuestras emociones?

Nota: Este artículo es una actividad realizada para el Diploma de Experto Universitario en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UPV-EHU/UPN). Es la tarea 4 de la materia Ciencia y arte "Relación emociones y arte"

Para entender por qué el arte en cualquiera de sus formas (teatro, pintura, música, cine, etc.) es inseparable de las emociones, vamos a comenzar realizando una pequeña reflexión sobre la diferencia entre el utilitas y el delectus. Desde el punto de vista de la etimología, utilitas significa literalmente “cualidad o condición de ser útil”; es decir, un objeto será útil siempre y cuando cumpla la función para la que ha sido concebido, independientemente del resto de sus características. No me imagino a nadie especialmente conmovido por encontrar un bolígrafo que pinte. Por otro lado, está el delectus, un término reservado para creaciones que requieran una mayor expresividad y que, por lo tanto, comuniquen emociones. Así, en el caso del delectus, estamos indudablemente hablando de arte.


Podríamos citar a numerosos artistas que han canalizado sus emociones a través del arte. Por ejemplo, tenemos el Periodo azul de Picasso en el que se refleja el varapalo que supuso para el pintor el suicidio de su amigo Casagemas, etapa durante la cual todas sus obras están marcadas por el color azul (fig.1) que, según la psicología del color, representa la tristeza y la melancolía. Así, Picasso, de manera consciente o inconsciente, estaba expresando su desazón mediante sus cuadros. 


Casagemas en su ataúd (P. Picasso, 1901). Fuente: HA!   https://historia-arte.com/obras/casagemas-en-su-ataud 


En la cara complementaria de la creación artística tenemos la percepción por parte del espectador. A pesar de que la interpretación de cualquier manifestación artística es subjetiva y está condicionada por el individuo y su contexto, hay cierto consenso en que la contemplación de determinadas creaciones irremediablemente nos impresiona. En cierta ocasión, durante una clase de Análisis de la Imagen, un profesor hacía referencia a la profunda emoción que le suscitaba la Semana Santa de Granada o la Pietà de Miguel Ángel a pesar de no ser religioso. 


“A pesar de que la interpretación de cualquier manifestación artística es subjetiva y está condicionada por el individuo y su contexto, hay cierto consenso en que la contemplación de determinadas creaciones irremediablemente despierta emociones en nosotros”


De hecho, hay toda una corriente psicológica y neurocientífica que busca explicar los mecanismos cerebrales que se ponen en marcha cuando nos encontramos ante una obra de arte. Por ejemplo, se sabe que la música activa respuestas asociativas en nuestro cerebro, haciendo que una canción pueda traernos a la mente personas, lugares o momentos. Asimismo, no es casualidad que exista una categoría de premios a “mejor banda sonora” en los festivales de cine, pues como venimos comentando la música tiene un gran poder sugestivo. 


Para ejemplificar toda esta relación entre emociones y arte, me serviré de un caso personal y procederé a comparar dos versiones contemporáneas del clásico de Disney Blancanieves y los siete enanitos: el episodio de Los Simpsons, Cuatro grandes mujeres y una manicura (fig.3), serie de la cultura popular que considero arte no tanto por su estética como por su ingenio; y Blancanieves de Pablo Berger (fig.4), una apuesta arriesgada en la era del color y los efectos especiales (tan solo 3 años antes se había estrenado Avatar), pero cuyo resultado es una obra maestra audiovisual. 


Fig. 3. Fotograma Cuatro grandes mujeres y una manicura. Fuente: Actualidad Simpson

Fig. 4. Cartel Blancanieves de Pablo Berger. Fuente: Filmaffinity


Aunque el motivo por el cual me he decantado por dos versiones contemporáneas de Blancanieves es bastante naíf, considero que va ad hoc con el tema que estamos tratando, y es que la película original me traslada a mi niñez, además de ser una de las películas preferidas de mi madre. Despierta en mí lo que se conoce como “recuerdo afectivo imborrable”, pues Blancanieves automáticamente nos trasladará a nuestra infancia, se parezca más o menos a la versión original la historia que se cuenta en pantalla. Sin embargo, los dos filmes más actuales me despiertan emociones muy contradictorias entre ellos y en ambos casos están muy alejadas de lo que la película de 1937 me evoca.


En cuanto al capítulo de Los Simpsons, Cuatro grandes mujeres y una manicura, está ambientado en una peluquería a la que Marge y Lisa acuden a una sesión de belleza y comienzan a revisitar clásicos de la literatura universal pero desde una perspectiva feminista, alegando que las mujeres han sido inteligentes y poderosas a lo largo de la historia.


Este capítulo respeta la narrativa y los personajes del cuento original (salvo por los nombres de los siete enanitos debido a cuestiones de derechos de autor), pero hay un giro al final que es donde se encuentra la potencia del mismo. En la historia de los Hermanos Grimm, Blancanieves come la manzana, muere y la revive el beso de un príncipe; en la versión de Matt Groening, Blancanieves no necesita a ningún príncipe para despertar porque la revive una doctora. 


Tras el visionado de este capítulo, los sentimientos que me invaden son de orgullo y esperanza. Primero, porque el guion fue escrito por una mujer, Valentina L. Garza, en una serie en la que la mayoría del equipo creativo es masculino y segundo, porque el hecho de que una serie de este calibre hable y denuncie abiertamente cuestiones de interés social como es el feminismo, quiere decir que, al menos desde la industria audiovisual, estamos caminando en la dirección correcta. 


“El capítulo de Los Simpsons pone de manifiesto el poder narrativo del medio audiovisual como medio para cambiar y cuestionar estereotipos profundamente arraigados en el imaginario colectivo”


De la película de Pablo Berger seleccionaré una escena que me impactó profundamente cuando la vi por primera vez y que, a día de hoy, me sigue emocionando. Para situarnos un poco, esta versión de Blancanieves y los siete enanitos se trata de una película que imita los modos de narrar del cine mudo con una fotografía en blanco y negro y la música como hilo conductor. La película, a pesar de contar una historia que nada tiene que ver con el cuento de los Hermanos Grimm, sí que comparte la misma estructura narrativa y los mismos personajes que el cuento tradicional.


Debido a mi buena o mala costumbre de no querer leer ni ver nada sobre una película antes de ir al cine, lo que me sucedió cuando comenzó la proyección es lo que en psicología se conoce como “disonancia cognitiva”, porque lo que yo como espectadora espero con ese título es una versión actual del clásico de Disney, no lo que me están ofreciendo (fig. 5 y fig. 6). Esto me abre un mundo de posibilidades, pues a partir de este momento nada en la película es lo que esperaba. De hecho, una de las reflexiones con las que salí del cine fue: “¿cómo la escena de una corrida de toros, espectáculo dantesco que rechazo profundamente, puede haber despertado en mí tanta admiración?” Lo cual, hasta cierto punto, me llevó incluso a cuestionarme mis propios principios. 


Fig. 5. Escena de Blancanieves y los siete enanitos. Parte de una publicidad de su relanzamiento en 1967. Fuente: Flickr

Fig. 6. Escena de Blancanieves (P. Berger, 2012). Fuente: YouTube



“La película de Pablo Berger es un ejemplo de cómo el arte puede conducir al espectador a cuestionarse sus propios principios”


En última instancia, considero que a través de estos ejemplos se pone de manifiesto que el arte es el puente que conecta la expresión humana con la profundidad de nuestros sentimientos más íntimos. A través de la creatividad y la interpretación, el arte nos invita a explorar y comprender la complejidad de nuestras emociones, ofreciendo un reflejo vívido de la riqueza de la experiencia humana. En este viaje de autodescubrimiento, encontramos que el arte no solo nos inspira, sino que también nos desafía, consolida y transforma, recordándonos constantemente la belleza y la poesía que yacen en el corazón de nuestra existencia.


La secuencia de la corrida de toros de Blancanieves de Berger puede encontrarse en el siguiente enlace: 'Blancanieves' 2012 secuencia de la corrida. En el caso del capítulo de Los Simpsons, está disponible en varias plataformas de streaming como Apple TV o Disney+.

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