¿Puede ser una enfermedad fuente de inspiración artística?

 Nota: Este artículo es una actividad realizada para el Diploma de Experto Universitario en Comunicación y Divulgación de la Ciencia (UPV-EHU/UPN). Es la tarea 5.2 de la materia Ciencia y arte "¿Puede ser una enfermedad fuente de inspiración artística?"

Existe en torno a los grandes artistas de la historia del arte, especialmente alrededor de aquellos cuyas obras parecen la representación de mundos a los que el común de los mortales no tenemos acceso, la creencia o la hipótesis de que podrían sufrir algún tipo de enfermedad que explicase estas manifestaciones pictóricas tan imaginativas y complejas que, a día de hoy, no hemos conseguido descifrar en su totalidad. 

Probablemente, el caso más conocido sea el de Vincent Van Gogh, quien se cree que padecía esquizofrenia, trastorno bipolar, migraña con aura y epilepsia psicomotora. Lejos de frenar su carrera, si bien en vida vivió en la más absoluta pobreza pues el éxito le llegó post mortem, su producción artística se intensificaba durante los brotes psicóticos. De hecho, algunos de sus cuadros más famosos (sin ir más lejos, La noche estrellada), los pintó mientras estuvo internado en el sanatorio de Saint-Rémy tras haberse cortado la oreja. 

Otro caso bastante conocido es el del pintor noruego Edvard Munch quien, además de aquejado de esquizofrenia, fue diagnosticado de depresión por su carácter introvertido, lo cual le empujó al alcoholismo y esto acentuó los síntomas de sus enfermedades mentales. Asimismo, circunstancias vitales como la muerte temprana de su hermana y su madre a causa de una tuberculosis o la esquizofrenia que su hermana también padecía, tiñeron su vida de enfermedad y muerte. Su obra más célebre es El grito, y así explicaba de dónde le vino la inspiración: «Estaba caminando por un camino con ambos amigos. Se puso el sol. Sentí un ataque de melancolía. De pronto el cielo se puso rojo como la sangre. Me detuve y me apoye en una barandilla muerto de cansancio y mire las nubes llameantes que colgaban como sangre, como una espada sobre el fiordo azul-negro y la ciudad. Mis amigos continuaron caminando. Me quedé allí temblando de miedo y sentí que un grito agudo interminable penetraba la naturaleza» (Yuste, 2016). 

“Existe en torno a los grandes artistas de la historia del arte, especialmente alrededor de aquellos cuyas obras parecen la representación de mundos a los que el común de los mortales no tenemos acceso, la creencia o la hipótesis de que podrían sufrir algún tipo de enfermedad”

Estos dos ejemplos son tan solo una muestra de la estrecha conexión que existe entre arte y enfermedad, una relación que también se da a la inversa. Por ejemplo, el síndrome de «Alicia en el país de las maravillas» “es un cuadro clínico infrecuente y alarmante, caracterizado por episodios breves de distorsión en la percepción de la imagen corporal y del tamaño, distancia, forma o relaciones espaciales de los objetos, así como en el transcurrir del tiempo” (Bernal & López, 2013). Este síndrome debe su nombre a Lewis Carrol, pues a partir de sus creaciones homónimas pudieron describir clínicamente una enfermedad.

En este artículo vamos a centrarnos en la expresión e interrelación de las crisis de migraña con el arte. Esta enfermedad está revestida de una aureola de misterio por las transformaciones en la percepción del mundo y la percepción propia que acompañan a las crisis. En concreto, nos centraremos en la obra de Francisca Lita, profesora de arte en la Universidad de Bellas Artes San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia.

Para dar un poco de contexto, comenzaremos explicando qué es la migraña. La migraña es una enfermedad neurológica altamente incapacitante que afecta a una de cada cuatro mujeres y a uno de cada dieciséis hombres, aproximadamente. La prevalencia total de migraña en nuestro país es de cinco millones de afectados, de los cuales un millón y medio lo sufren en su forma crónica; esto es, más de quince días de migraña al mes.

Las características de una crisis de migraña varían de una persona a otra; incluso el mismo paciente puede experimentar diferentes síntomas según el ataque, pero lo síntomas generales son: dolor de cabeza unilateral y pulsátil de intensidad media-alta, fotofobia (intolerancia a las luces), sonofobia (intolerancia a los sonidos), osmofobia (intolerancia a los olores), náuseas, vómitos y vértigos. Un pequeño porcentaje de migrañosos, alrededor de un 20%, sufren auras, que son alteraciones en la percepción del entorno. Estas auras son principalmente diplopía (1) (visión doble), escotoma (2) (puntos ciegos) y luces brillantes o que parpadean (3), entre otras. Esta alteración en la percepción del entorno es lo que muchas veces vemos reflejado en obras de artistas que sufren migraña.

Fig. 1. Diplopía. Fuente: Centro Oftalmológico de Barcelona

Fig. 2. Escotoma. Fuente: Hospital Universitari Dexeus

Fig. 3. Luces brillantes. Fuente: Optibéjar

A raíz de todos estos síntomas, durante una crisis el paciente tiene que aislarse de su entorno con el consecuente impacto en todas las esferas de su vida. La migraña tiene un gran impacto a nivel laboral y un gran estigma a nivel social, lo que frecuentemente deriva en cuadros de ansiedad y depresión propiciados por la incapacidad para llevar una vida plena y funcional. Este sufrimiento tanto físico como psicológico que padecen los pacientes aquejados de esta dolencia, se canaliza muchas veces a través del arte, bien como tratamiento (arteterapia) o bien como forma de visibilizar una enfermedad invisible, ya que tras un ataque el paciente tiene una apariencia totalmente “normal”. De hecho, es frecuente que los médicos pidan a niños que acuden a consulta con síntomas propios de esta patología que dibujen cómo es su dolor para complementar el diagnóstico.

“El sufrimiento tanto físico como psicológico que padecen los pacientes de migraña se canaliza muchas veces a través del arte, bien como tratamiento (arteterapia) o bien como forma de visibilizar una enfermedad invisible” 

La representación de la migraña en el arte puede hacerse por dos vías: bien como motivo pictórico (4) o bien como representación simbólica (5). En el primer caso, tenemos una representación objetiva y figurativa de cómo cualquiera de nosotros se imagina un dolor de cabeza: rostro compungido y mano en la sien. En el segundo caso, se trata de una representación subjetiva de cómo el artista percibe la realidad a causa de la migraña, el cual aparece claramente distorsionado.

Fig. 4. El dolor de cabeza. Caricatura de George Cruickshank, 1819. Fuente: Neurología en el arte (J.L. Martí i Vilalta)

Fig. 5. Gravelines (G. Seurat, 1890). Se cree que el origen del puntillismo está en las auras migrañosas que sufría el pintor. Fuente: HA! https://historia-arte.com/obras/seurat-gravelines 


En este caso, nos vamos a centrar en la representación subjetiva de la migraña y en cómo estos cambios de percepción del entorno han condicionado la obra de numerosos artistas pictóricos. De hecho, las capacidades simbólicas y la fuerza visual que otorgan las alteraciones sensoriales que caracterizan un ataque de migraña podrían considerarse casi un don divino, y es que se han comparado con la acción que ejercen algunas sustancias psicotrópicas en el cerebro. Por ejemplo, Andy Warhol consumía cocaína y medicamentos a base de metanfetaminas para invocar a las musas y Jackson Pollock pintaba bajo los efectos del alcohol.

Algunos ejemplos de artistas que gracias a un análisis de sus creaciones tanto desde el punto de vista médico como desde el punto de vista pictórico se ha podido concluir que sufrían migraña, son Hildegarda de Bingen, cuyas representaciones de manifestaciones divinas se atribuyen a que sufría auras (6); Salvador Dalí vio durante una de sus crisis sus característicos relojes doblados que luego pintó en La persistencia de la memoria o Bethany Noël Murray que tiene una serie de cuadros llamada La migraña en la naturaleza que guarda un gran parecido con las ilustraciones de auras que podemos encontrar en atlas de medicina (7).

Fig. 6. Miniatura realizada por Hildegarda. Nótese la similitud con las luces brillantes (6.1). Fuente: nuevatribuna.es 

Fig. 6.1. Aura visual basada en luces brillantes en círculo. Fuente: https://www.clikisalud.net/ 

Fig. 7. Fall wind (B. Noël, 2023). Gran parecido con una forma de aura (7.1). Fuente: https://www.bethanynoelart.com/ 

Fig. 7.1. Aura visual. Fuente: AEMICE


Centrándonos en el caso concreto de Francisca Lita, pintora valenciana y profesora nacida en 1948, comenzó a padecer migraña desde muy joven, pero no fue hasta 1992, casi 30 años después de sufrir su primer ataque, que no fue diagnosticada y tratada. Mostró una vocación por las artes plásticas a una edad muy temprana, y dado que su maduración como artista y el desarrollo de su enfermedad discurrieron en paralelo, no es de extrañar que la culminación de su carrera sea una serie de obras que representan todas las fases de la migraña (8). Esta serie, compuesta por varios cuadros independientes, conforman la totalidad de una crisis tal y como ella la vive.

Fig. 8. Gráfico que representa las cuatro fases de una crisis de migraña y sus síntomas. Fuente: Migraine Buddy


Para Francisca Lita, la migraña no sólo provoca cambios en su cuerpo, sino también en sus sentimientos más profundos. Por ello, su obra no es sólo una manera de canalizar su dolor físico, sino también el emocional, buscando además que quien contempla sus cuadros comprenda la enfermedad si no la sufre y se identifique con la obra si es que la padece. En definitiva, la pintora cree fervientemente en el concepto de la obra de arte como comunicadora de ideas que no se pueden expresar a través de la palabra.

“Francisca Lita cree fervientemente en el concepto de la obra de arte como comunicadora de ideas que no se pueden expresar a través de la palabra”


Por otra parte, nadie que conozca la obra de Francisca Lita se sorprenderá ante esta serie de cuadros, pues en obras anteriores ya habíamos visto que se repetían ciertos patrones: utilización opresiva y simbólica del color, representación de espacios arquitectónicos agobiantes, geometrías opresoras y personajes atormentados y sufrientes (9).

Fig. 9. El Poder y la Impotencia (F. Lita, 1985). Fuente: @SaezLita, Twitter. 

Con el objetivo de alcanzar una mayor comprensión de la obra de Francisca Lita y los distintos puntos de vista desde los que se puede interpretar, haremos un triple análisis: una interpretación artística, centrándonos en cuestiones objetivables y medibles como el color y la forma; una interpretación médica para entender cómo influye la migraña en la creación artística y una interpretación por parte de un paciente, en este caso yo misma, para explorar la posibilidad de que esta perspectiva arroje aspectos nuevos no contemplados en un análisis más objetivo. Para que el análisis sea mucho más exhaustivo, nos centraremos en un cuadro concreto, Esta es mi fragilidad (10), ya que representa el síntoma más característico de la enfermedad: el dolor de cabeza unilateral y pulsátil.

Fig. 10. Esta es mi fragilidad (F. Lita, 2006). Fuente: La migraña: Ciencia, Arte y Literatura 


Comencemos por un análisis pictórico tradicional. La paleta de color del cuadro es esencialmente fría y simboliza la soledad y la tristeza, de manera que el color rojo situado en el centro de la composición destaca profusamente. La elección de un color tan disonante entre tanto azul y gris tiene como objetivo centrar la atención del espectador en el elemento más importante de la composición, la cabeza, que es el lugar donde se produce el dolor. Además, el dolor en muchas ocasiones se siente como un estallido así que, ¿qué mejor que el color rojo sangre para expresar este hecho?

Tampoco es baladí que el personaje que aparezca en el cuadro sea femenino  pues, además de ser ella misma, representa el hecho de que la mayoría de los pacientes afectados por la migraña son mujeres. Este rostro está sostenido, así como atravesado, por estructuras geométricas fragmentadas que nos recuerdan efectivamente al Cubismo y que hacen referencia a la distorsión del entorno que experimenta la autora durante el momento álgido de la crisis.

Desde el punto de vista médico, Francisca Lita busca destacar la importancia de la biología en su enfermedad (rostro de mujer) y a qué órgano afecta (el cerebro). La autora nos está mostrando su punto débil, la cabeza, una cabeza unida a un cuerpo por lo demás sano (es decir, la migraña ni es mortal por sí misma ni reduce la esperanza de vida), pero que, paradójicamente, no goza de buena salud. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la incapacidad en los casos de migraña severa es equiparable a la de la demencia o la paraplejia, y una crisis de migraña frecuentemente se compara con un día de ceguera. También nos muestra el impacto psicológico de la enfermedad a través de este rostro femenino con la mirada perdida y una expresión melancólica, y es que el 59% de los pacientes experimentan cambios de carácter debido a las limitaciones derivadas de la enfermedad.

En cuanto a la interpretación de este cuadro como paciente, me produce una gran sensación de vulnerabilidad porque deja al descubierto mi punto débil, la cabeza, colocándolo en el centro de todas las miradas que contemplen el lienzo. También me produce un gran sentimiento de desasosiego porque es como mirarse en un espejo; estoy viendo el desamparo reflejado en su rostro triste y melancólico y estoy sintiendo el latigazo de dolor que me recorre el lado izquierdo de la cabeza desde el ojo hasta la nuca. Sin embargo, me reconforta mirarlo porque me recuerda que no estoy sola en esto, que la migraña se trata de un dolor compartido y que, de manera simbólica, cuando me encierro en mi habitación a esperar a que el dolor cese realmente estoy acompañada por todas las personas que alguna vez han experimentado lo que yo estoy sufriendo en ese momento. Para mí, esa esperanza se refleja en la mariposa que aparece justo debajo del rostro de la mujer, pintada con colores fríos pero con destellos cálidos al mismo tiempo que están representando a todas esas pacientes que me acompañan.

representando a todas esas pacientes que me acompañan. 

“No es necesario sufrir para crear, aunque es innegable que del sufrimiento extremo nace en muchas ocasiones la belleza más exuberante fruto de un sentimiento tan íntimo y profundo, aun cuando este es negativo o destructivo”

Este ejemplo lo que pone de manifiesto es que sólo podemos imaginar el proceso que atraviesa una persona en un momento concreto de su vida a través de las imágenes, del arte, porque hay situaciones que no se pueden describir con palabras. Además, el dolor y la enfermedad pueden convertirse en un proceso no sólo de creatividad, sino también de conocimiento tanto para el enunciador como para el enunciatario. Como decía Sócrates, “sólo el conocimiento que llega desde dentro es verdadero conocimiento”. Con esto no quiero decir que sea necesario sufrir para crear, aunque es innegable que del sufrimiento extremo nace en muchas ocasiones la belleza más exuberante fruto de un sentimiento tan íntimo y profundo, aun cuando este es negativo o destructivo. Como resultado, nos encontramos con obras cargadas de sentido científico, intelectual y artístico, que demuestran que el arte trasciende los límites de las paredes de un museo.

Referencias: 

Vañó, E. B., & Andrés, N. L. (2013). Un caso de síndrome de Alicia en el país de las maravillas en probable relación con el uso de montelukast. Anales de Pediatría, 78(2), 127-128. https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2012.06.010 

Vicente Herrero, M., Lita Sáez, F., & Montes Payá, M. (2007). La migraña: ciencia, arte y literatura (1.a ed.). Lettera.

Yuste, J. (2016, 13 diciembre). Diez grandes pintores que sufrieron enfermedades mentales. Cultura Inquieta. https://culturainquieta.com/estimulante/diez-grandes-pintores-que-sufrieron-enfermedades-mentales/


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